«El día que fuimos científicas»: estudiante de Pedagogía en Biología hace viva la ciencia para alumnas de octavo básico

Constanza Acevedo, estudiante de cuarto año de Pedagogía en Biología y Ciencias Naturales de la Universidad Alberto Hurtado, organizó una visita al laboratorio universitario para alumnas de octavo básico de la Escuela de Niñas República del Ecuador, transformando una clase sobre la célula en una experiencia científica que ninguna olvidará. 

 

Cuando Constanza Acevedo llegó a hacer su práctica docente a la Escuela de Niñas República del Ecuador, ubicada en el barrio República de Santiago, se encontró con una realidad que conoce bien: estudiantes con muchas ganas de aprender, pero con acceso limitado a recursos. La escuela no cuenta con laboratorio propio. Las clases de ciencias se hacen con materiales reciclados. Y la unidad que le tocaba enseñar -la célula- es, por definición, abstracta e invisible a simple vista. Fue entonces cuando Constanza tuvo una idea: ¿y si traíamos a las niñas al laboratorio de la universidad? 

La iniciativa no fue improvisada. Constanza la coordinó con su profesor tutor de práctica con casi dos meses de antelación, y finalmente se concretó con dos cursos de octavo básico. La clase que ella implementó consistió en un práctico de ósmosis (el proceso por el que una célula intercambia sustancias con su entorno) abordado desde la indagación semiestructurada y el método científico. 

«Quise hacer la actividad súper constructivista», cuenta Constanza. «Dialogábamos todo el rato con las niñas, declarábamos las preguntas de investigación y las hipótesis en la pizarra, y ahí ellas comprobaron que sí sabían, que solamente no tenían los conocimientos técnicos, los nombres, pero que sí sabían». 

El diseño de la clase fue intencionado hasta en sus detalles: Constanza entregó el contenido teórico recién al final, una vez que las estudiantes ya habían experimentado, formulado hipótesis y puesto a prueba sus ideas. «No tenía sentido darles la explicación antes», explica. «Teníamos que poner a prueba todo lo que ellas creían que podía pasar, y luego darles la fundamentación teórica». 

«Fuimos científicas» 

Para hacer el enganche con la experiencia cotidiana de las niñas, Constanza construyó una analogía que venían trabajando en clases anteriores: la célula como una fábrica, y ellas como científicas de una empresa. Ese día, el laboratorio de Pedagogía en Biología de la UAH era su lugar de trabajo. 

«A través de experiencias cotidianas de ellas, como por qué las lechugas se ponen marchitas o a veces están muy duras, hicimos el enganche, y posteriormente la explicación; después de la experimentación», relata. El resultado habló por sí solo: en las guías de trabajo, las niñas escribieron mensajes como «profe, la quiero mucho, gracias» y expresaron lo mucho que les había gustado venir. 

Lo que Constanza no anticipó del todo fue la carga emocional del día. Cuando llegó a preparar el laboratorio antes de la clase, se encontró con el tío Víctor, el funcionario que cuida el espacio y que la conoce desde que ella era estudiante de primer año. 

«Todo el contenido que les estaba enseñando a las niñas lo aprendí yo en el mismo laboratorio, en el ramo de Biología Celular de primer año», recuerda. «Entonces fue súper emotivo y significativo, y también precisamente ese aprendizaje significativo era lo que yo quería plasmar en las niñas». 

“La carrera me encontró a mí” 

Constanza no siempre supo que quería ser profesora. Antes de llegar a la UAH estudió una carrera del área de la salud, donde hacía ayudantías de Biología y Química, ramos que en ese momento le costaban. Fue en esa práctica de enseñarle a otros que descubrió algo sobre sí misma. 

«Me di cuenta de que yo estaba auto enseñándome y enseñándole a más personas de distintas maneras. Acá en la carrera después descubrí cómo se llamaba eso», a lo que agrega: «la carrera me encontró a mí, así lo podría decir. Siempre lo digo». 

Su formación en la carrera de Pedagogía en Biología y Ciencias Naturales de la Universidad Alberto Hurtado fue también fuente de inspiración para el diseño de esta clase: «me quise apoyar en los ramos de indagación que hemos tenido acá en la universidad, y también en las investigaciones que había hecho en su momento la profesora Patricia Lóez Stewart», reconoce. 

Hoy, a punto de terminar su cuarto año, Constanza tiene claro qué motiva su vocación como profesora: «lo que más me hace ilusión es la capacidad de transformar, de llegar a los, las y les estudiantes. Lo que más me gusta es no ser esa barrera contextual para el aprendizaje, sino que ser ese puente que se necesita para concretar un proceso de aprendizaje».